lunes, 6 de marzo de 2017

venezolanos con los trapos al sol

En tiempos de escasez el viejo adagio que dice: “Eres lo que comes”, resulta poco menos que ofensivo. En la Venezuela de hoy, ese refrán que usan como un mantra entrenadores con cuerpos de piedra y modelos a punto de desaparecer, no aplica.De niña en casa se decía los trapos sucios se lavan en casa.


Cuando camino  por las calles de mi ciudad y veo a la gente que hurga la basura, la hambruna es grande pero no mas grande que, estas ganas de ver a mi Venezuela prosperada, ver colas, anaqueles repletos de comida costosa incomparable e inaccesible   por muchos, mientra veo mil escenas deprimente. Es que ya mi gente no sonríe, no y los entiendo yo misma se lo que cuesta, yo me pongo en el lugar de ellos es triste, es duro,  si yo la estoy pasando mal esta gente que hurga la basura entonces? 
Se puede calificar de basura a un hombre por tener hambre? ¿Basura por abrir las bolsas negras que reposan en las aceras y agarrar con la mano un resto de huesos de pollo frío, cubierto de un líquido verde de imposible identificación? ¿Basura porque no te alcanza el dinero para comprar ni una canilla diaria?
Es cada vez  más frecuente ver a grupos de personas limpias y bien vestidas escarbando con impaciencia los restos de comida que aparecen en algunas esquinas, después de las 3 de la tarde, luego de terminada la hora del almuerzo. Son grupos pequeños, que se defienden entre sí, hombres jóvenes, sin hijos, con hogares, empleos fijos y con hambre. 
 trabajan y tienen residencia, pero no les alcanza para ir al mercado.
Es una realidad cada vez más frecuente, pero persiste el sentimiento de vergüenza cuando transeúntes y conductores los miran fijamente, por encima del hombro. Tienen expresiones que refuerzan la distancia: una mezcla de asco y miedo que los persigue, esta es la cruda realidad.
 Dios ten piedad de nosotros te pido perdón, padre amado.

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